Me
ha vencido
el
juego de las adivinanzas.
Ya
no pregunto por qué,
hasta
cuándo, dónde…
Mis
pasos torpes
aún
necesitan un bastón de luz
para
no caer en pausas
nutridas
con desconciertos.
Miro,
sin mirar,
el
templo en ruinas,
recinto
sagrado, fiel custodio
de cadenas
de aleluyas
y arco iris poderosos.
Suplico
al cielo, sin suplicar.
Acaricio, sin acariciar.
Acaricio, sin acariciar.
Ya
no apuesto.
Oculta
entre hojarasca
nace
una flor sin nombre.






